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El le dijo que la amaba al verla pasar en un caballo blanco y siempre pasaba delante de la puerta de la casa desde donde él la contemplaba y siempre al verla pasar él le decía que la amaba. Así pasaba y pasaba, y él siempre le decía lo mismo , pero ella nunca lo miraba.

 

El tiempo pasó y él no salía de su casa y ese día ella lo dejo pasar. Y pasaron otros días y él no salía de su casa y ella comenzó a intrigarse .¿Qué seria de aquel que al verla pasar siempre le decía que la amaba ?

 

Ella siguió su camino no volvió la mirada ni por un instante, pero tal fue la intriga que un día, ella bajó de su caballo y tocó la puerta pero más nadie le abrió. Entonces ella insistió y empujó la puerta y la puerta se abrió. Y al entrar entró con ella el viento y el viento revoloteo cientos de cartas y ella se agachó y levantó una, y levantó otra , y todas las cartas eran de amor , hermosas poesías .Entonces ella sintió que éste era también el amor de su vida .

 

Y adelantándose por el lugar se dio cuenta que era hermoso, tranquilo decorado con muy buen gusto y en aquella forma la casa era como un santuario dedicado a ella. Pero por mas que llamó ,nadie contestó y siguió caminando mas profundo y halló una habitación y recostado sobre la cama había un esqueleto, ella dijo:

– ¡No ! no puede ser.

 

Y aquel esqueleto tenía una carta entre sus manos y ella sin pensarlo tomó la carta que decía:

“Amada mía, es que no puedo vivir sin ti, mi corazón se halla afligido y hoy siento que mi amor ha crecido tanto que de tanto amor hoy muero por ti.”

 

Aquella mujer ya no era un niña ni joven siquiera, habían pasado los años, entonces ella caminó hacia la puerta con la carta en sus manos y fue hacia su caballo con el cual siempre se paseaba delante de la puerta de aquella casa y luego miró al caballo, lo miró con dulzura, ternura y nostalgia y le dijo al caballo :

– Mi amigo y compañero de paseo, hasta aquí llegamos hoy. Sé libre como el viento y aprende a ser feliz en su momento como yo no lo supe hacer. Yo aquí no te ataré. Sé libre como la luz busca tu horizonte porque yo ya encontré el mío.

 

Y besando la mejilla de su caballo lo despidió y ella caminó hacia la casa sosteniendo la carta, entró a la casa y cerró la puerta . Y dijo , “ Amor, aquí estoy en nuestro hogar” .

 

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